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Una de las conductas típicas en el autismo, principalmente en los de bajo funcionamiento, son las de autolesión, en las que el sujeto se agrede a si mismo ya sea con su propio cuerpo (mordiscos, pellizcos, puñetazos, jalarse el pelo, clavarse las uñas, entre otras.) o con algún objeto (golpearse con una pared, mesa o con bordes afilados), y pueden presentarse en cualquier momento del día y en cualquier espacio, además de centrarse en una parte del cuerpo (ejemplo: morderse las manos o golpearse la frente).  Por la gravedad de las lesiones que se pueden provocar, esto suele ser motivo de preocupación y malestar en los padres y docentes responsables de niños y jóvenes con esta condición.

Causas

La multicausalidad es una de las características claves a tener en cuenta en este tipo conductas, pues en función a ellas será el tratamiento. Veámoslo con más detenimiento.

  • Es posible que tras una conducta auto-lesiva se encuentre un déficit sensorial. La hipersensibilidad o hiposensibilidad a estímulos visuales, auditivos, táctiles, etc. son síntomas asociados al autismo que llevan a la autoestimulación. Ejemplo: chicos con una alta sensibilidad auditiva tenderán a evitar los ruidos fuertes (se tapan los oídos al escuchar los fuegos artificiales), o con baja sensibilidad tenderán a sentirse atraídos por ellos  (aplauden de forma repetitiva cerca de sus oídos). En el caso de hipersensibilidad a estímulos táctiles la tendencia quizás sea la de rechazar ciertas texturas o sustancias (no tolerar la fricción de una determinada tela o la sensación de pintura en las manos) y en el caso de hiposensibilidad sea buscar experiencias que le permitan sentir algo, como dolor. Y se preguntaran ¿Por qué se autoestimulan? La respuesta es porque el sistema nervioso lo exige pues las sensaciones lo alimentan. En estos casos se recomienda como tratamiento la terapia multisensorial.
  • Puede ser una estrategia para liberar tensiones. Cuando nos enojamos o frustramos se genera una carga energética que debe ser liberada por norma; comúnmente el lenguaje es la herramienta de descarga implementada pero cuando existen problemas para comunicarnos, como es el caso de las personas con autismo, esta vía no resulta útil por ello suele ser la agresión la que toma ese rol. En psicoanálisis existe un mecanismo de defensa que se llama agresión contra el propio self y cumple este principio, pero adicionalmente agrega que cuando esa “energía destructiva” va dirigida hacia alguien o algo al cual no podemos agredir (por ejemplo los padres porque socialmente está prohibido y existe el sentimiento de amor) esa energía terminamos por descargarla en nosotros mismos. Un caso sería el niño que se agrede cuando la maestra no le permite hacer algo que desea. La intervención podría ser el entrenamiento en inteligencia emocional y en habilidades comunicacionales.
  • Por otro lado pueden darse como demandas al entorno. Es decir los sujetos aprendieron que de este modo logran obtener algo que desean, como la atención de los padres. Aprenden que agrediéndose se pueden salir con la suya. Se vuelve entonces una forma de manipulación. En este caso el tratamiento vendría encaminado hacia la utilización de técnicas de modificación de conductas.  
  • El metabolismo y las hormonas pueden ser responsables también de la autoagresión estudios han demostrado que niveles bajos en calcio, así como niveles anormales de dopamina y serotonina están asociados a determinadas autolesiones. En este caso el tratamiento farmacológico o el seguir alguna dieta trae buenos resultados.
  • Finalmente otra posible causa, poco común pero posible al fin y al cabo, es cuando se realizan por imitación. Aprenden a comportarse de esa manera porque lo observan de su entorno. El trabajo acá sería igualmente utilizar técnicas de modificación de conducta.

Que hacer:

Como se señaló en párrafos anteriores el tratamiento dependerá de la causa, por ello el primer paso sería recordar que es una conducta multicausal para así no confiar en generalidades (necesariamente una estrategia que le resulte a un caso no tiene por qué resultarle a otro) y entender la importancia de acudir a un especialista para que haga la evaluación correspondiente. Por otro lado, lo que si podemos hacer por nuestra cuenta es observar y llevar un registro de la conducta ¿cuándo se presenta?, ¿bajo qué contexto?, ¿con cuanta frecuencia e intensidad?, ¿cuándo no se presenta?, ¿qué ocurre antes o después?, ¿que se ha hecho para intentar eliminarla?, ¿qué resultados han obtenido?, entre otros. De este modo agilizaríamos el proceso de evaluación al poder dotar al especialista de información valiosa que lo oriente en la raíz del problema y posteriormente en su intervención.

Autora: Arianna López. Psicóloga Clínico C.M. Provesalud

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